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Mostrando entradas de julio, 2014

Lo agudo de la luz

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Estaremos saliendo por una ventana
suspendidos, ahogados en el aire. Este lunes comienza por el mediodía, condensando lo agudo de la luz. Podemos ilusionarnos con la justicia encarnada en la penumbra del atardecer. Digo esto en voz baja, que este es el momento para reconstruir en detalle recuerdos de una noche previa, la que quieran. Se siente el frío y la puntada como vieja angustia insistente. El desierto avanza en bandada, encendido, desentendido. Tarareo somnoliento que tendríamos que volver a vernos y oscilo en el borde de la ciudad; a partir de ahí.

Ilustración Amy Dover

El tránsito - Perrosky

Colapsos instintivos

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Al principio en toda esta vasta zona se alternaban grupos de árboles con hierbas y pajonales; abundaban la cebadilla criolla, la flechilla negra, el romerillo blanco, así como también la yerba de oveja y el machín.
Para poder ver lejísimo los animales se turnaban, entre uno y otro momento de búsqueda de alimentos, pero así y todo las miradas terminaban agotadas. Dejaron de intentarlo y comenzaron a pelearse entre ellos para proteger sus crías, controlar un territorio determinado, ganar una ubicación preferencial durante las lluvias o por colapsos instintivos.
Casi por la misma época comenzaron a llegar los primeros miembros del pueblo frigio, quienes se establecieron formando comunidades. Y ahí la cagaron.


Ilustración de Enzo Barrena.

Esta es la sombra (Luis Alberto Spinetta) por Belén Ilé

Lo siento mucho, no siento nada - Hernán Casciari

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Orsai blog postJoão da Silva, un cuarentón simpático, ahora arrastra los pies sin ganas y acerca el sillón a la tele. Su esposa lo mira con pena. Falta una hora para el partido y a João lo asalta una especie de déjà vu. Repiquetea en su cabeza un momento horrible de su primera adolescencia.
Recuerda la última nochebuena en que lo sentaron en la mesa con los primos pequeños. Tenía trece años cumplidos, ya le salían pelos en las patas, ya se masturbaba a escondidas, pero no le permitieron compartir la cena con sus tíos y sus padres; lo sentaron en la mesa de plegatín. Se sintió un idiota, con las rodillas dobladas, al lado de niños de diez años que cenaban en cuencos de plástico y se excitaban con el ruido insulso de los petardos. João revive con fuerza aquella nochebuena espantosa en la que fue por última vez un semi-adulto que sorbía con rabia el menú sin picante. Su esposa lo mira de reojo, preocupada. Ahora falta media hora para que empiece el choque por el tercer puesto y João está…

Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874) - Jorge Luis Borges (1899–1986)

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Qué pena - De Alfredo Zitarrosa por Guitarra Negra.

Qué pena José, qué pena. Hasta siempre.