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Un nuevo hábitat

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Me tiemblan las extremidades y el resto del cuerpo, con una cadencia cercana a las olas de madrugada de junio. Las nubes  pesadas, oscuras que aparecieron ayer encapotaron la vida cotidiana y las demás también. Me resisto a tirar esa libretita  donde escribí con letras apenas legibles lo que intentaba abandonar y me alcanzaba. Qué debo hacer, ahogarla? Quitarle todo el aire hasta que ya no respire? Corroborar que ya  no flotan burbujas presionándola contra el fondo? Quizá alcance  con buscarle un nuevo hábitat, este es muy frágil.  Por lo pronto me la guardo en el bolsillo y fijo la mirada para avistar el devenir. Ya no sé qué más hacer para esperar la primavera.

Ese sonido que rebota

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  Bordeo el río del mediodía casi hasta donde llega a su fin la insistente melodía. Estoy dispuesto a ver pasar tu reflejo como un animal que en lenta extinción, anida. Habrá vida en tu planeta? Habrá espacio para alguien más ahora? Ese sonido que rebota en la arboleda no son ranas, son el eco de mis ganas.

Bailar lentas - Franny Glass

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Desde hace 102 semanas

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  Algún día el efecto será tornasolado, con la mirada en el camino a la velocidad de la voz. El agua exagera la temperatura, el sabor es lo heroico, lo que redime a futuro. El mundo encendió la mirada de un animal suelto y logró encandilar. Las horas traen gente alrededor, hoy el año se partió en dos. No me quejo de la última mañana, vino con voces que ya extrañaba desde hace 102 semanas; estoy siendo indistinto, en el aire la canción que habla de las promesas que mueren en el mar. Será real esa ciudad en medio del martes o un efecto especial del día después? Ilustración: "La voz de su mirada" de Oscar Arcila.

Artefacto retórico

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  En medio del otoño junto con la mirada las hojas caídas, creo reconocer algo que fue tuyo confundido, anhelante. Sopla un viento que juega a ser fuego, respiro profundo las cenizas de la tarde, comienza a sonar mi canción favorita, lejana, apenas audible. El ancho camino de tierra gris desemboca en una enorme tranquera; el sol baja vertical decidido a lastimar. Compartimos otro largo abrazo. Alguna vez, con el único fin de iluminar, recordaré tu sombra peinándote. Entro en una espiral de vuelta corta, resbalo en el aire; descansa la pena y acontece, nunca dos veces.

TANTO COMO PUEDAS - Constantin Cavafis

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  Y si no puedes hacer que tu vida sea como la quieres,  al menos intenta esto  tanto como puedas: no la deshonres  en el contacto apiñado con el mundo,  en los muchos movimientos y la charla. No la deshonres tomándola,  arrastrándola por doquier a menudo y exponiéndola  a la tontería cotidiana  de las relaciones y asociaciones,  hasta que se convierta en una vida pesada y  extraña.

Subespecie

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  Ni cerca estuvimos de irnos; cenamos con fruición, como si hiciera 2 o 3 días que no probábamos bocado, pero no religiosamente. Con sonidos llenos de matices la medianoche, a fuerza de cambiar de forma, se volvió invisible. El grado de certeza había aumentado de golpe y era igual al del azar. “Si tuviera un milagro a mano, lo pondría ahí, como quien apuesta a pleno”, dijiste señalando hacia el oeste, con el perfil sombreado y los rasgos biológicos de cualquier felino. Nos acomodamos a presión en el sillón hamaca marrón claro, como en un recuerdo, para aprovechar que ya nada podía lastimarnos. Éramos un fuerte que nadie tenía intención de atacar, ni arrasar. Evitamos hablar de lo que nos dejó, de sus horas preferidas, de la sensación de perder la cuenta de cuantos otoños fueron y dónde fueron a parar. Somos, desde entonces, una subespecie envuelta en la estética de lo cotidiano. Muchos de quienes estén leyendo esto, tal vez también lo sean y aún no se hayan dado cuenta...